La nostalgia es comúnmente vista como un refugio emocional, pero —según el psicólogo español Antoni Bolinches— idealizar el pasado puede tener consecuencias contraproducentes. La memoria selectiva configura una versión embellecida de lo vivido, y aunque resulte reconfortante, termina limitando la capacidad de construir un presente pleno y un futuro más saludable. En esta nota, desciframos su análisis y compartimos estrategias concretas para romper ese patrón emocional.
Bolinches explica que nuestra mente actúa como un editor benevolente: suaviza los momentos difíciles del pasado y magnifica los buenos. Al evocar recuerdos de la infancia, solemos enfatizar instantes idílicos —como unas vacaciones inolvidables— mientras pasamos por alto conflictos o tensiones que también formaron parte de esas experiencias. Este sesgo cognitivo, también conocido como retrospección idílica, transforma la nostalgia en un mecanismo que puede distorsionar la realidad y dificultar el presente.
Idealización del pasado y su impacto emocional
El especialista señala que cuando se magnifica la juventud y se considera como “lo mejor que se tuvo”, se instala un ciclo emocional negativo: la idealización genera nostalgia, y ésta refuerza más idealización. Esa dinámica puede desembocar en una nostalgia crónica que oscurece el presente y obstaculiza el futuro. El viejo verso de Rubén Darío —“Juventud, divino tesoro, te vas para no volver”— puede alimentar esta visión sesgada, si se interpreta sin reflexión ni valoración del presente.
Nostalgia conectada con propósito vital: evitar el estancamiento emocional
Bolinches recuerda que cualquier etapa de la vida puede ser valiosa, siempre que no se pretenda que se repita de forma idéntica. En lugar de anclar la felicidad en el pasado, es posible orientar la mirada al presente y el futuro desde el propósito personal. Cita los estudios sobre personas centenarias en las Zonas Azules, donde tener un ikigai—una razón para levantarse cada día—es una clave para la longevidad emocional.
Memoria: optimismo versus pesimismo
La manera en que la nostalgia impacta emocionalmente depende del enfoque mental: los optimistas tienden a recordar más los aspectos positivos del pasado, mientras que los pesimistas retienen los negativos. Ambos sesgos refuerzan la visión de uno mismo y pueden convertirse en profecías autorcumplidas: aquello que se recuerda moldea lo que se proyecta en el futuro.
Idealizar el pasado puede ofrecer refugio, pero también puede atrapar en una espiral emocional que impide avanzar. Reconocer el sesgo de la memoria, aceptar que todas las etapas de la vida tienen valor y cultivar un propósito presente son estrategias eficaces para transformar la nostalgia en una fuerza constructiva, no limitante.
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