El fin de la Guerra de Castas

Los mayas rebeldes en las primeras décadas del siglo XX.

Por Lorena Careaga

Hablando de historia y otras cosas, ¿saben ustedes qué fue de la Cruz Parlante después de la Guerra de Castas?

Qué tal, les saluda Lorena Careaga y hoy hablaremos del devenir de los mayas rebeldes en las primeras décadas del siglo XX.

El último enfrentamiento armado entre éstos y el ejército mexicano ocurrió el 23 de marzo de 1901, a 23 kilómetros de Chan Santa Cruz. “Los plazos fijados para la ocupación de Chan Santa Cruz y de la Bahía de la Ascensión están bien calculados”, le había informado el general Bravo al Ministro de Guerra y Marina, Bernardo Reyes, a principios de enero de 1901. No obstante, cuando Bravo entró en el santuario el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, lo encontró desierto. Lo mismo le había sucedido al general José María de la Vega en Bacalar. Es decir, los mayas no estaban ahí para presentar batalla, sino que su resistencia tomaría otras formas. Abandonaron sus cuarteles generales y lugares santos, se internaron en la selva llevándose a la Cruz, y continuaron haciendo la guerrilla, por medio de ataques sorpresivos, emboscadas, trampas letales y otras tácticas que llevaban décadas perfeccionando, como respuesta ante una campaña de persecución y exterminio que apenas comenzaba.

El 1º de junio de 1904 se dio por terminada oficialmente la campaña y, por ende, la guerra. De inmediato, el gobernador de Yucatán, Francisco Cantón, promulgó un decreto para repoblar la zona oriental de la Península y cambió el nombre de Chan Santa Cruz por el de Santa Cruz de Bravo.

En 1915, el general Salvador Alvarado trasladó la capital del Territorio Federal de Quintana Roo a Payo Obispo, dejando Santa Cruz de Bravo en manos del líder Francisco May. Sin embargo, los seguidores de la Cruz, considerando que el santuario había sido mancillado sin remedio, se separaron, avencindándose en 9 poblados encabezados por Xcacal Guardia.

 

Si el parámetro para definir el desenlace de una guerra es una batalla decisiva, o el cese de las hostilidades, o la firma de un tratado de paz, en el caso de la Guerra de Castas la conclusión permanece indefinida e indefinible. Los mayas nunca fueron realmente derrotados, sino que lograron preservar el culto a la Santísima, el cual, integrado a las prácticas de la religión popular, constituye la actual Iglesia Maya.

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